EL PASO DEL TIEMPO
Allí, en la cabañita del fondo,
casi al final del valle, mi abuelo, con su cabello blanco lleno de virutas de
madera, talla la lámpara que ha de regalarme por sorpresa cuando la termine. No
es una lámpara cualquiera. Yo lo sé, como sé todo lo que ya sucedió una vez y
volverá a suceder, una y otra vez, para siempre. Lo que no sé si estaré para
verlo, pero me parece que él, mi abuelo, con su cabello blanco lleno de virutas
de madera, estará allí, esperándome, para sorprenderme con su lámpara y
esperando que yo lo abrace y lo bese como siempre hago cuando estoy frente a
él.
Las cosas suceden a pesar de
nuestros deseos y suceden una y otra vez sin que podamos influir sobre ellas,
porque si así fuera, hoy –que no sé con exactitud cuándo es- hoy estaría abrazando
a mi abuelo Antonio más fuerte que nunca, es decir, más fuerte que siempre,
aunque decirlo, si bien le da una existencia efímera pero existencia al fin,
decirlo, desearlo es dar una constancia que es una derrota, que el tiempo nos
vence, que puede más que cualquier cosa y que la repite en todo momento, como
si quisiera, el tiempo, que no lo olvidáramos fácilmente.
De tanto repetirlo uno mira hacia
atrás y está allí, al alcance de los brazos, iluminado por el atardecer, como
un holograma del futuro, como un simulacro que en realidad, es todo lo que
aspiramos o podemos ser.
Y allí, en el fondo del valle, la
cabaña de mi abuelo refulge sin mengua. Está, definitivamente, allí
Cuando he empezado a leer "Las cosas suceden a pesar de nuestros deseos y suceden una y otra vez sin que podamos influir sobre ellas" no me lo he creído. Pero luego en realidad das un ejemplo sobreacogedor y parece que de alguna manera te abres camino a lo contrario, a mi parecer. También a mi parecer creo que el final resulta en una ambigüedad, aunque me gustaría que me lo aclararas.
ResponderBorrarEstupendo estilo.
Muchos saludos.
Es difícil aclarar lo que sale de las tripas. Viste cómo son las tripas, retorcidas resbaladizas, borbotantes. Y uno, iluso, cree que puede exorcizar la memoria, forzarla a traer un recuerdo que tal vez nunca existió, un simulacro de lo que se desea, otra derrota más para desaliento del corazón y de la voluntad, contradictoria y fugaz.
BorrarAl final la imagen que perdura a pesar de todo, a pesar de las oleadas del tiempo. como una estampita brillosa, un estímulo para esta oración profana, cobarde consuelo para los débiles.
Gracias por tus palabras, Mei.
¿Viste mi comentario a Apologías?
Un abrazo.
Jorge