HIGUERA
Contrario a lo que lamentaba Rilke en su Elegía, la vida, no la elección
ni el deseo, hicieron de mí el destino de la higuera, que da frutos sin
florecer. Como el árbol nudoso, retorcido y rastrero, heme aquí sazonando mis
días como esos frutos que cada año se hacen más pequeños y más sabrosos. Claro,
nadie recuerda el árbol, nadie lo poda, tal vez una tormenta acaba con alguna
rama más débil. Su progreso es lento, casi no se eleva, el ciclo de su vida es
una parábola, ya en su rama descendente
Pero en el
apogeo de cada verano sus higos son cada vez más dulces y los pájaros,
avisados,revolotean animadamente entre sus ramas. ¿Llegará a saber la higuera su lugar en la
economía de la naturaleza? ¿Podrá comprenderlo y al comprenderlo amar su
trabajo? ¿Mejorará eso sus frutos?
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