viernes, 9 de agosto de 2013




                HIGUERA
                                      



   Contrario a lo que lamentaba Rilke en su Elegía, la vida, no la elección ni el deseo, hicieron de mí el destino de la higuera, que da frutos sin florecer. Como el árbol nudoso, retorcido y rastrero, heme aquí sazonando mis días como esos frutos que cada año se hacen más pequeños y más sabrosos. Claro, nadie recuerda el árbol, nadie lo poda, tal vez una tormenta acaba con alguna rama más débil. Su progreso es lento, casi no se eleva, el ciclo de su vida es una parábola, ya en su rama descendente
     
     Pero en el apogeo de cada verano sus higos son cada vez más dulces y los pájaros, avisados,revolotean animadamente entre sus ramas.  ¿Llegará a saber la higuera su lugar en la economía de la naturaleza? ¿Podrá comprenderlo y al comprenderlo amar su trabajo? ¿Mejorará eso sus frutos?

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