ARS SCRIPTORIUM
No me gusta contar
historias: Las historias padecen
antropofagia y así suelen devorar a quienes las escriben. No me gusta que me devoren. Me gusta devorar. Por eso vuelta a vuelta me indigesto y para
aliviarme cuento historias, que es como vomitar lo que te está haciendo
mal. Pero el péndulo oscila con rapidez
y si no te cuidás empiezan a devorarte.
Hay que entrar y salir con rapidez, hay que limitarse a lo esencial, no
lo esencial de la historia sino a la catarsis que uno busca, que no
siempre coincide con lo esencial para la mayoría.
Una vez expulsado el bolo el
alivio te da dos o tres días de descanso y de paz, una paz mucho más placentera
que el mero acto de escribir, que por lo general es agobiante, angustioso e
interminable. Como vomitar es vomitar,
con el mismo regusto ácido y la sensación de no pertenecer al mundo de la
normalidad digestiva.
Y después está la pulsión de
desprenderse de lo escrito, de entregarlo a los otros, que los otros,
desprevenidos, se lo lleven y lo hagan desaparecer de la vista de uno. Esto
no es muy sencillo porque los demás se defienden con bastante eficacia,
a través de la industria editorial, de las distribuidoras, las librerías y,
fundamentalmente, de los críticos, que en última instancia son los guardianes
de la salud pública. Y todos actúan de
esa forma por descreer de la acción natural del tiempo, quién es en realidad el
mejor neutralizador de ácidos, el más espontáneo y eficiente que existe. No se puede pedir nada mejor, por suerte.
JORGE MIRARCHI
Me ha hecho sonreír de dos modos muy distintos, tu "ars scriptorium"...
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