DISCURSO SOBRE LA ENFERMEDAD
Y LA VIDA
VERDADERA
Algunos
creen que la enfermedad es la sima de la vida, el siniestro fondo, donde el
barro se subleva. Algunos, que han vivido más o miran de otra manera, afirman
que la enfermedad es la cima de la vida, la cumbre nevada donde la acuidad de
la mente alcanza su nivel más alto, su competencia con dios. Creen que para que
una persona -un organismo vivo con capacidad de reflexión- llegue a su
plenitud, a la posesión absoluta de sus medios y sus fines, es necesario que la enfermedad lo alcance, es necesaria la
humillación de un límite, que su conciencia de límite, su conocimiento sin
disimulo sea parte del contenido presente de su cerebro, del foco de su
atención, en forma continua, sin altibajos ni descanso.
Es en
esas condiciones, cuando un organismo puede ostentar su complejidad total, su
estructuración plena, su funcionamiento global y sin mengua. En la conciencia de la enfermedad se esconde
la más cabal comprensión de la potencialidad y en la visión de límite que ella
trae consigo, la idea clara de lo que se puede y de lo que empieza a decrecer.
En la idea de decrecer subyace la más completa de crecer y en la de decadencia
asociada a aquella, se inscribe toda la armonía, la melodía y el ritmo de la
cadencia, la música del tramo ascendente de la vida, la música que propone una
visión de la totalidad, una visión aparentemente trágica que generalmente
termina siendo una visión bucólica y complaciente.
Así se
comienza a valorar todo lo que es posible cuando lo imposible hace pie y
amenaza con volverse posible, cuando la finitud mancha la tersa superficie de
la perfección y un hálito espeso y turbio empaña los ojos amados. No hay perfección más completa y ubicada que
la que se tiene cuando ya no es posible asirla, cuando se atiende a las
palabras del otro y el sentido principal se escapa oblicuamente, cuando todo lo
redondo, completo y seguro escapa hacia un horizonte oblícuo cegado por la
niebla y la oscuridad en ciernes.
Pero la enfermedad no es decadencia en
el sentido de que no es simplemente decadencia. La enfermedad puede presentarse
en cualquier momento, cuando la persona se encuentra en plena posesión de sus
medios, cuando está todavía en ascenso. Por la enfermedad la vida en ascenso
alcanza su cima. Y más de allí es imposible subir y entonces se puede
comprender todo, aún lo incomprensible de la enfermedad, su solitaria
pertenencia, su obstinación recurrente. Su vitalidad creadora, su fiebre, su
noche de walpurgis.
Su vida verdadera.
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