LETRAS DE TANGO
Inauguramos esta nueva sección, dedicada sobre todo a amigos de otras latitudes, tal vez no tan en contacto con esta poesía ciudadana de Buenos Aires, como así también a los porteños o bonaerenses muy jóvenes que la ven como expresión de un tiempo que no es el de ellos.
En mi juventud, en el barrio de San Cristóbal, de esa ciudad, hace tanto tiempo que no quiero recordar, en cada cuadra había un conventillo lleno de frustrados metafísicos que daban salida a sus angustias a través de una letra de tango, en la que convertías sus diarias penurias en versos melodiosos y no tanto, que algún amigo guitarrero o pianista ponía música canyengue e inolvidable. Así nacieron muchas de estas verdaderas poesías que iremos mostrando en adelante.
¡CHE PAUSA, OÍ!...
Che pausa, oí
Los acordes melodiosos que modula el
bandoneón;
Che papusa, oí
Los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
Cómo surgen de este tango los pasajes de
tu ayer...
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver...
Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al reo gil.
Enrique Cadícamo
LA CASITA DE MIS VIEJOS
Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vueLvo viejo...
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado...
en mi cabeza un poco de plata me ha
dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
en un juego de ilusión repartí mi corazón.
Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi
memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos,
locuras juveniles, la falta de consejos,
hay en la casa un hondo y cruel silencio
huraño
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado...
Habré cambiado totalmente, que el anciano
por la voz
tan sólo me reconoció...
Enrique Cadícamo
LA ÚLTIMA CURDA
Lastima, bandoneón,
mi corazón,
tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron
me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva.
¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón!
La vida es una herida absurda,
y es todo tan fugaz
que es una curda, ¡nada más!
mi confesión
Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿no ves la pena
que me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido.
¡Ya sé que te lastimo!
¡Ya sé que te hago daño
llorando mi sermón de vino!
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en el licor que aturde,
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón al corazón-
Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda.
Cerrame el ventanal
que quema el sol
su lento caracol de sueño,
¿no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol?
CÁTULO CASTILLO
donde el barro se subleva.
¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón!
La vida es una herida absurda,
y es todo tan fugaz
que es una curda, ¡nada más!
mi confesión
Contame tu condena,
decime tu fracaso,
¿no ves la pena
que me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo del olvido.
¡Ya sé que te lastimo!
¡Ya sé que te hago daño
llorando mi sermón de vino!
Pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en el licor que aturde,
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón al corazón-
Un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo.
Marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última curda.
Cerrame el ventanal
que quema el sol
su lento caracol de sueño,
¿no ves que vengo de un país
que está de olvido, siempre gris,
tras el alcohol?
CÁTULO CASTILLO

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